Pides tres presupuestos para la misma web y te llegan por 400, por 1.500 y por 6.000 euros. Los tres dicen «diseño web profesional». Ninguno explica qué cambia.
Este artículo va de eso: de qué estás pagando en cada tramo y de cómo saber cuál te corresponde.
Por qué los precios bailan tanto
Porque «una web» no es un producto, es un rango que va desde una plantilla con tus fotos hasta un desarrollo a medida con integraciones. Y porque casi nadie publica precios, así que cada presupuesto se calcula mirándote a ti en lugar de mirando el trabajo.
Hay tres factores que explican casi toda la diferencia: cuánto hay que crear desde cero, cuántas funciones necesita, y quién hace el trabajo.
Qué entra en cada tramo
Por debajo de 500 euros normalmente estás pagando una plantilla comprada, adaptada con tus textos y tus fotos. Puede estar bien si tu necesidad es tener presencia y poco más: una página que explique quién eres, qué haces y cómo contactarte. El riesgo es que la plantilla venga cargada de código que no usas, que vaya lenta y que se parezca a otras cien webs.
Entre 500 y 1.500 euros suele ser una web de varias páginas hecha sobre un gestor como WordPress, con estructura pensada para tu negocio, textos trabajados y algo de posicionamiento básico. Es el tramo donde está la mayoría de negocios locales, y donde la diferencia entre un buen trabajo y uno malo es más grande.
Entre 1.500 y 4.000 entras en tienda online o en webs con funciones: reservas, catálogos que se actualizan, varios idiomas, integraciones con otras herramientas. Aquí el precio ya no lo marca el diseño, lo marca lo que la web tiene que hacer.
Por encima de eso hablamos de desarrollo a medida, y si te lo están ofreciendo para una web de presentación, pregunta muy bien por qué.
Lo que casi nunca viene en el precio
Aquí es donde aparecen las sorpresas, y conviene preguntarlo antes de firmar.
Los textos. Muchos presupuestos dan por hecho que tú los escribes. Si no los escribes, la web se queda parada meses.
Las fotos. Igual. Y las fotos de banco de imágenes se notan.
El dominio y el alojamiento. Son gastos anuales aparte, normalmente pequeños, pero que existen.
El mantenimiento. Una web sin actualizar es una web que acaba rompiéndose o quedando expuesta. Pregunta si está incluido y qué cubre.
Las rondas de cambios. Si no está escrito cuántas hay, se convierte en el punto de fricción de todo el proyecto.
La pregunta que casi nadie hace
Antes de comparar precios, decide para qué es la web. No es lo mismo una web que existe para dar credibilidad cuando alguien te busca por el nombre, que una web cuyo trabajo es traer clientes que no te conocían.
La primera necesita estar bien hecha y poco más. La segunda necesita estructura pensada para convertir, contenido que responda a lo que la gente busca y medición de lo que pasa dentro.
Cuando alguien te da un precio sin haberte preguntado eso, te está cotizando páginas, no resultados.
Un ejemplo con números
Tu Casa Brasas, un restaurante de Dénia, tenía web y tenía sistema de reservas. Rehicimos la web pensada para convertir: fotografía de calidad, navegación clara y un camino directo a reservar sin pasos de más.
En treinta días las reservas online se multiplicaron por 2,2 sin que aumentara el tráfico. La conversión pasó del 11,7% al 25,5%: de cada cien visitantes, catorce más acabaron reservando mesa.
El mismo número de personas entrando. El doble de reservas saliendo. Esa es la diferencia entre una web que está y una web que trabaja.
Cómo comparar presupuestos sin volverte loco
Pide siempre estas cuatro cosas por escrito: qué páginas incluye, qué plazo hay, cuántas rondas de cambios entran, y qué pasa después de entregar.
Si un presupuesto no responde a las cuatro, no es más barato: es menos concreto. Y lo que no está escrito al principio se discute al final.
Nosotros publicamos los precios de diseño web en la propia página del servicio, porque nos parece que es información que deberías tener antes de llamar a nadie. No es el más barato del mercado. Es el que podemos sostener haciendo el trabajo bien.
¿Te lo aplicamos a tu negocio?